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Terra
La Coctelera

Crees marchar unido a otro ser y sólo vas a su lado.

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Si ésto es así, no merece la pena. De qué servirá que se te acelere el corazón cuando te mira con los ojos brillantes si para él no significa nada????

Y decidirás que todo ha terminado, que ya nada tiene sentido, y olvidarás que puedes seguir eligiendo tu vida y dejando que te la vayan eligiendo.

Sentirás el dolor del rechazo, el pesar de la incomprensión, la desilusión de no ser capaz de conseguirlo, otra vez el desánimo de creerte nadie con posibilidades de eligir lo que quieres para tu vida, desmóntate, pero sólo un rato; llora, pero sólo unos minutos; desgasta su nombre, pero sólo un par de gritos; cuando hayas terminado transfórmalo en pasado, no lo anules, reutilízalo, aprende, aprehende, sé más que todas esas nimiedades.

Mi mamá me mima mucho

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Nací un martes en plena semana santa aunque debí haber nacido en domingo de resurrección, pero claro, las vacaciones, el ginecólogo que se iba a la playita, y esos pequeños detalles hicieron que llegara totalmente a destiempo, o sea, que no se me auguraba nada bueno, vaya.

Me crié como la hermana pequeña en una familia donde el primogénito todavía tenía valor sentimental arrastrado, con lo cual, no fui más que la niña, la otra en la parejita que tenían mis padres. Aún y así me hice mi hueco y la verdad es que nunca me faltó cariño. Me volví una niña muy intrivertida y sensible pero siempre con una sonrisa, recuerdo pedir siempre abrazos y nunca encontré una sola evasiva.

Pasaron los años, como un cuarto de siglo de tiempo, y se me culpó por querer demasiado, genial, vamos que tenía razón Rocío con eso de que el amor se rompe de tanto usarlo.

Calculo, desde entonces, que el mecanismo de protección ha sido la evasiva, el anticariño, el dominar siempre la situación al límite, el llevar las riendas de mi vida sin permitir que nada pudiera entrometerse, sin dejarme ser yo misma por lo que fuera ser y guardando los abracitos para los justitos, que el resto sólo interpretan.

Y luego entras en un trabajo donde unos de los requisitos más importantes son la capacidad de decisión inmediata, el llevar siempre los hilos, tú invitas, tú pagas, tú decides, tú propones, tú halagas, tú diviertes... y te acostumbras a mimar y hacer de mamá sin comerlo ni beberlo.

Pero seré gilipollas!!!! A ver cuánto tiempo voy a estar sometida a no sé qué. Se acabó, "hoy voy a descubrir que el mundo es sólo para mí", voy a permitir que me lleven a sitios y que me paguen al salir de un restaurante, que me separen la silla al sentarme y que me abran la puerta del coche. Que esto de la mujer independiente está muy bien, que nos sentimos muy realizadas, que la igualdad al poder es estupenda, pero no hay que descartar lo bonito del balcón de Romeo, ni el dígamelo con flores caballero, y es culpa nuestra que se esté perdiendo, y seremos mujeres hechas y derechas autónomas y totalmente autosuficientes, pero seguiremos necesitando que nos mimen y seguiremos necesitando mimar. Y lo moderno será que también nosotras retiremos la silla cuando él se siente, o le abramos la puerta del coche; pero que no se pierda el encanto!

Fase II: Los tacones sirven para marcar los pasos


Estaba cansada de cada día lo mismo, los mismos malos rollos, las mismas películas para no dormir, el marear las cosas, el preguntarme automáticamente el porqué de las cosas... no merecía la pena, necesitaba un final.
De hecho, cualquier iniciativa diferente hubiera sido válida, cuando todo es negro, el mínimo atisbo de color marca un cambio sorprendente, diseña una nueva línea de tonalidades jamás pensada antes.
Y así fue, chicas, he cambiado de colonia. Os parecerá una tontería, pero no lo es. Después de 11 años, 11! cómo Fahrenheit 9/11, cómo 11 hombres de Ocean's Eleven, cómo el sorteo del oro, con la misma clásica colonia y de repente, de un golpe, todo al garete, todo empieza a oler diferente.
De esto hace 2 semanas, podría contaros anécdotas, pero no hará falta, sólo quiero gritar encarecidamente que todo puede cambiar, que aún merece la pena ponerse tacones y bajar las escaleras del metro taconeando, que aún es tiempo de pintarse los ojos con sombra azul y atreverse. Sólo hay que proponérselo, no hace falta vencer los principios de uno, sencillamente ponerlo todo al descubierto y preguntarse porqué no.
Porque vamos a ver, ¿qué diantre habéis hecho este fin de semana? ¿lo habéis rentabilizado?
Y lo que es más importante, ¿cuántas horas tiene un fin de semana?

A qué altura ponemos el listón y dónde lo acabamos dejando


Eran eso de las 23 horas y de punta en blanco nos disponíamos a salir.
Empecemos asumiendo cosas, cuando las mujeres salimos, no esperamos ligar en sentido estricto, más bien salimos a seducir. Porque no queremos ser diana de todas las miradas, preferimos llevarlo con discreción, entrar en un local y embriagar a un hombre con nuestro perfume, permitir que quede prendado un caballero con nuestra forma de caminar, o clavar una mirada extraña en la tuya de repente, habiendo tantas en la multitud donde escoger... pues eso, eso nos gusta, porque nos hace sentir especiales, como princesas todos los días, esas pequeñas cosas, eso tan sencillo pero tan complicado de conseguir.
Pues bien hemos decidido salir, porque tras un fracaso hemos sido consecuentes, hemos aprehendido de nuestra experiencia y hemos sacado cosas positivas y podemos alzar la cabeza de nuevo al mundo y seguir siendo las mujeres de las que nos sentimos orgullosas formar parte.
Durante la cena marcarmos el listón altito altito, con la ESTÚPIDA idea de que siempre estamos a tiempo de bajarlo, pues no no no y no, porque si tan importantes debemos sentirnos, si tanto esfuerzo realizamos para seguir al nivel de este mundo que hemos sentido en contra nuestro, ¿se puede saber porqué se nos olvida tan desprisa? porque llega un momento que hemos bajado el listón hasta el autodesprecio y eso no se puede admitir.
Si hemos decidido rehacer nuestras vidas, si estamos convencidas de conseguir todo lo que nos propongamos, a perseguir nuestros sueños, a tener ambiciones personales, porque en seguida perdemos la autoestima, pues no.
Así que empezaremos la noche con el listón en sitio razonable, y si debe estar más abajo que tan altito, pues hay que ser sensato, claro está, pero una veza marcamos la altura, ahí, ahí quietito, que luego vienen los llantos y las lágrimas porque volvemos a estar igual, que no vale, bueno ya lo cambiaré, no señoras mías, nadie cambia, nadie, ni siquiera nosotras creyéndonos tan poderosas, todo el mundo es como es y no como queremos que sea y o aprendemos a aceptarlo o a otra cosa mariposa que luego no está permitido lamentarse.
Moraleja: No bajemos el listón, que en vez de abrazarlo acabamos saltando por encima.